ES COMPRADO EN NUEVA YORK EL CUADRO DE SANTA RUFINA

ES COMPRADO EN NUEVA YORK EL CUADRO DE SANTA RUFINA

Hoy en la Historia | 29 ENERO 1999

La “Santa Rufina” de Velázquez que sale a subasta en Nueva York

Tiene en la mano derecha una palma, y como en Sevilla la palma es símbolo, más que del martirio, del Domingo de Ramos, con esa carita de niña parece de La Borriquita. Y si en una mano lleva Sevilla, en la otra presenta las armas de Triana: un escudilla y un tazón de alfarería, de aquel Arrabal y Guarda cartujano, pintor de loza, que lo mismo pintaba palanganas color de rosa que de la color del cielo, Purísima y oro, pintaba las tallas para el agua más fría que la nieve. Hablo de Santa Rufina. Por fin el azar de la historia ha hecho justicia a Santa Rufina. Sabíamos que Velázquez pintó la verdad del aire de Madrid y de la luz de Sevilla. Sabíamos que era justiciero, que hasta le daba su sitio a su esclavo Juan de Pareja, que era de la cofradía de Los Negritos. Desconocíamos que en honor a la verdad y en honor a la justicia, Velázquez hubiera pintado sola a Santa Rufina, sin tener al lado de

carabina, en sus amoríos con la Giralda, a Santa Justa. Santa Rufina es una mártir que ha sufrido un doble martirio. En vida, por decir que no le gustaban las procesiones de Venus, que ella estaba allí con sus cacharros esperando la cofradía de la Esperanza, le quebraron la loza que vendía por Triana como Fernando Morillo Lasso vende alhajas, la metieron en la cárcel, la echaron a los leones en el Campo de los Mártires. Perrerías hizo a San Rufina el señor Diogeniano, que era entonces el delegado del gobierno en la Bética, como Pepe Torres, pero en romano y en mala leche con los cristianos. Muerta y elevada a los altares, Santa Rufina siguió pasando el quinario de La Estrella. Porque fue condenada a ser la hermana de Santa Justa, algo así como Tomás Campuzano está condenado a ser el hermano de José Antonio Campuzano y Pepe Luis Vázquez, el hermano de Manolo Vázquez. Santa Rufina es como una ruló que tiene enganchada la muy ferroviaria Santa Justa: “Santa Justa y Rufina”, decimos siempre. Cuando salen en el Corpus, aguantando a la Giralda, antes y ahora, que la sostuvieron en 1755 contra el terremoto y ahora contra los calonges y los maestros mayores, dice la gente: “Ahí va Santa Justa y Rufina…” ¿Por qué no invertir los factores? ¿Por qué no Santa Rufina y Santa Justa?

Por esto creo que el cuadro velazqueño de Santa Rufina, perdido y hallado al tercer día entre los doctores en arte de la sala nuevayoreña de Chisties es un milagro de la santa alfarera de Triana. Su venganza. En ese cuadro (que debe venir a Sevilla por cierto), Santa Rufina está diciendo aquí estoy yo ante la historia, ante la ciudad… y ante su hermana. Santa Rufina ya está harta de ser una más en la habitual galería fraternal sevillana, donde siempre hay un Gustavo Adolfo que suena más que Valeriano, un Don Antonio que eclipsa a Manuel. Con esa carita de niña, qué dolor de hija, Santa Rufina está como pidiendo justicia ante eso de que la dejen siempre como plato de segundo mesa. Para cual muestra su plato de cerámica, para que comprobemos que es igual, si no mejor, que el de Santa Justa. Y nos enseña la palma de martirio, como diciéndonos: “No, aquí, no; donde es un martirio salir es en la iconografía, en el Murillo del Museo y en el Goya de la Catedral, que estoy allí como hermana de mi hermana”. Desde la foto de los periódicos, como sabe que soy mucho de ella, Santa Rufina me ha hablado y me ha dicho: “Esto es un milagro, Burgos, que aparezca el retrato tan bonito que me hizo don Diego. Mire usted, ya estaba harta de ser la hermana de Mienmana. Siempre me mientan después que ella. A ella le han puesto en Sevilla hasta la estación del Ave, y a mí, mire usted, ni una estación de servicios en el Polígono Store…”

Leer más efemérides…

Esta entrada fue publicada en Efemérides, Historia y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *