¡NAVIDAD!

¡NAVIDAD!

Gerardo Edmundo Viloria Varela
Ejercicio del Poder
24-12-2016

Cuando se publique esta colaboración habrá ya transcurrido la primera de las dos fechas decembrinas más emotivas: Navidad.

Este tiempo como mágico relámpago de paz, donde se perpetúa el advenimiento de Jesús, envuelve a gran parte de la humanidad en expresiones de sensibilidad espiritual y reflejo emocional rodeado de costumbres y tradiciones.

En nuestro país, la evocación del nacimiento del niño Jesús emplaza al sentimiento de amor y reconciliación, por lo que reúne a familias y a los amigos para cenar guajolote –hoy símbolo mexicano de la navidad- y otros platillos propios de esta época.

Al respecto, el químico especialista en nutrición y gastronomía, autor de numerosos artículos en revistas especializadas, JOSE LUIS CURIEL, destaca que la Cena de Navidad es un condensado de hábitos y sazones que encuentran su origen tanto en la antigüedad romana como en el mundo prehispánico.

Narra que al menos durante el periodo colonial, en la Noche Buena era obligatorio guardar la vigilia, por lo que se fueron incorporando dentro de los platillos de la celebración –poco a poco- pescados y hierbas tales como el bacalao y los romeritos.

Detalla que en algunos recetarios antiguos se dicta que el relleno del pavo debe contener tomillo, que según las creencias de la época había sido utilizada para cubrir el pesebre en el que nació Jesús.

Afirma que a pesar que una variedad de platillos tienen un origen extranjero, la cocina mexicana les ha dado su propio distintivo.

“El ponche tiene una cierta influencia inglesa; la palabra ponch significa té con pasitas y ron. Pero nosotros más astutos, le agregamos una gran cantidad de frutas de la época como tejocotes, lima, o guayaba, elaborando una bebida extraordinaria”.

Conjuntamente, en esta cena especial, -sencilla o abundante- la cual se anhela sea distinta a la de todos los días, se expresa en un intercambio de regalos, alegría y gratitud deseando que los seres queridos se mantengan unidos en la felicidad y en el afecto, confiriéndose, recíprocamente, prosperidad y abundancia.

Sin embargo, la victoria de DONALD TRUMP no sólo vino a amargar aún más el mal paso del peso, sino que hizo más cara la Navidad puesto que diversos productos característicos de esta época subieron su precio hasta en doble dígito, en especial los importados, como el bacalao que se trae de Noruega y Chile.

No obstante ello, el regocijo de la fecha llenó los sentidos.

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