JAPÓN, EJEMPLAR VALOR

JAPÓN, EJEMPLAR VALOR

Gerardo Edmundo Viloria Varela
En Voz Alta
17-03-2011

En 1923 Japón sufrió un terremoto que destruyó siete octavas partes de Tokio y causó 143 mil muertos.

Desde entonces, esta nación ha venido aplicando paulatinamente medidas de prevención, protección y seguridad.

Sin embargo, la naturaleza nunca termina de dar sorpresas y así vemos por imágenes televisivas de escenas del terremoto de 9 grados, y lo más grave, la destrucción causada por una gran ola, el tsunami, que lanza barcos a las carreteras, autos al mar, que arrasa con casas en la costa y tierra adentro, incluso, daña con alto riesgo varias plantas nucleares.

Ahora bien, frente a ello, no obstante esta catástrofe sin precedente, hemos sido testigos de la calma y reacción ordenada de las miles de víctimas de la nación japonesa.

Ningún caos, éxodo, disturbio o violencia por parte de la gente, a pesar de haber perdido a seres queridos y pertenencias.

Por otra parte, ha sido impresionante la divulgación en múltiples idiomas, incluido el coreano, sobre él cómo evacuar las aldeas afectadas por el maremoto; es decir, aún sobre la emergencia masiva, Japón consideró la seguridad de los extranjeros.

Como si lo anterior fuera poco, pese a que el gobierno de la tercera economía más grande del mundo tiene dificultad para brindar a su población agua, comida y electricidad, los japoneses no se han abalanzado hacia los almacenes y tiendas para adquirir artículos de primera necesidad; sin excepción, han tenido que esperar en grandes filas para recibir raciones de agua.

No obstante que algunos enviados por el “Canal de las estrellas”, en un afán de justificar su viaje han desvirtuado sus notas, realmente no ha habido ningún desorden colectivo tras la desventura. La civilidad, disciplina y urbanidad han sido señales de identidad de los japoneses.

Frente a la disposición de estas conductas, es válido señalar que las mismas no significan una resignación colectiva sobre la fatalidad de la contingencia. Son una muestra ejemplar de valor para responder a la devastación; además de ser una garantía edificante para superar la crisis.

Aunque el desastre haya matado a miles de sus habitantes y provocado un daño incalculable a su economía, Japón ha mostrado una firme determinación y tenacidad para enfrentar la situación.

El pueblo japonés, desde ahora, ha ganado nuevamente la admiración de la comunidad mundial, y no cabe duda que se recuperará inhiesto de su tragedia.

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