PANORAMA ELECTORAL MEXIQUENSE

PANORAMA ELECTORAL MEXIQUENSE

Miguel Tirado Rasso
Temas Centrales
26-01-2017

Mucho se ha dicho que para la elección de 2018, primero hay que pasar por los procesos electorales de 2017, con lo que se quiere mandar un mensaje para quienes andan más acelerados de lo recomendable. Y es que no falta quienes consideran que este sexenio ya concluyó, electoralmente hablando, y sólo piensan en el proceso de la sucesión presidencial, sobre todo aquellos que aspiran a la candidatura por la silla mayor.

Pero efectivamente, antes de que la ilusión por la joya de la corona electoral nos deslumbre, hay todavía tres elecciones pendientes para gobernador, a celebrarse el próximo 4 de junio, en los estados de México, Coahuila y Nayarit, con las que concluye la renovación de mandatarios estatales durante la presente administración sexenal y, que, al menos una de ellas, la mexiquense, por ser la que cuenta con el mayor padrón electoral del país, resulta de particular importancia y ciertamente estratégica, además de ser una de las 5 entidades en las que el revolucionario institucional ha conservado bajo su hegemonía.

La de Coahuila, tiene también su particularidad por tratarse de uno de los cinco estados priistas (los otros son Campeche, Colima e Hidalgo) que no ha experimentado la alternancia y el reto de la oposición es continuar acabando con esos feudos en los que no ha logrado penetrar a fondo. Recordamos que el año pasado, el PAN le arrebató cuatro (Durango, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz) de los nueve estados que permanecían intocables bajo los colores del PRI. A estos procesos, habrá que agregar, los comicios municipales del estado de Veracruz que se realizarán en esa misma fecha y que, dados los escándalos de corrupción de su ex gobernador, prófugo de la justicia, mantienen el interés nacional.

Pues en el avance hacia los comicios de este año, los partidos políticos diseñaron las estrategias que consideraron las convenientes para fortalecer su competitividad. Está claro que ante el desprestigio, el desgaste o la decepción, o todo sumado, hacia los partidos políticos, los números de las encuestas, si para algo todavía sirven estos estudios, muestran que la población no se siente identificada ni motivada por estas organizaciones, por lo que, éstas, cada vez se ven más debilitadas.

Ante esta realidad, queda claro que el grado de competitividad entre estos actores de la política se equilibra, lo que es una buena noticia para nuestra democracia, la mala es que se trata de un equilibrio hacia la baja. Esto es, cada vez son menos los que creen o tienen confianza en los institutos políticos, de ahí que la posibilidad de la participación de ciudadanos independientes para cargos de representación popular aparezca como la solución para todos los males de la política, aunque ya hemos visto qué tan lejos está esto de la realidad.

Por esa debilidad, decíamos, los partidos tienen claro que lo que más les conviene para avanzar en su posicionamiento electoral, es participar en alianzas, y en ese sentido han enfocado sus esfuerzos, aunque siempre habrá intereses particulares, de buena o mala fe, que acaben con esos propósitos. Un buen ejemplo de esto es lo que acaba de sucederles al PAN y al PRD en su intento por sumar esfuerzos para la elección del Estado de México.

Recién concluidas las elecciones de junio del año pasado, estos partidos manifestaron su intención de formar alianza para los comicios de este año. En particular se hablaba del caso del Estado de México. El planteamiento lucía muy amenazador para el tricolor, pues el blanquiazul y el Sol Azteca tienen buena presencia en aquella entidad y juntos tendrían altas posibilidades de ganar la elección para gobernador. Pero resulta que después de más de seis meses de pláticas entre las dirigencias de ambos partidos, no hubo manera de llegar a un acuerdo y la alianza abortó. La razón: vanidades y presiones externas e internas de los dos lados que se opusieron a sumarse al candidato del otro partido.

Ahora el PAN declaró que irá solo y ruegan porque su ex candidata presidencial, Josefina Vázquez Mota, acabe de deshojar las margaritas y acepte la candidatura, aunque a estas alturas ya tiene quien le dispute ese honor, por lo que ya no está tan clara su postulación. Por su parte el PRD, continuó con su intención de participar en alianza, pero con otras fuerzas de izquierda y, ante la escasez de opciones, se arregló con el Partido del Trabajo, con lo que, más que sumar fuerzas, estos partidos sumarán sus penas y debilidades. Movimiento Ciudadano que parecía que se les uniría, en el último momento prefirió ir con candidato propio, aunque podríamos suponer que la jugada es sumarse más adelante a quien vean con más posibilidades, con excepción del PRI. El oportunismo con que opera el dueño de este partido, Dante Delgado, ha logrado que se mantenga a flote y mejore su cotización en el mercado político.

Al PRI, por su parte, le volvió el alma al cuerpo al haberse frustrado la alianza PAN-PRD, que lo hubiera puesto en serios problemas. El tricolor concretó su alianza con el PVEM, el PANAL y el PES, que algo le aportarán para amarrar el triunfo, siempre y cuando postulen al candidato más competitivo. Por lo pronto, ahora las apuestas favorecen al revolucionario institucional.

En un estado con semejante padrón electoral, el dueño de Morena, Andrés Manuel López Obrador, no podría perder el tiempo. Y mientras los otros partidos evalúan a sus aspirantes, la candidata de Morena, Delfina Gómez, ya inició su precampaña para la candidatura por el gobierno del estado. Aunque muy difícil su posición, le servirá al tabasqueño para medir su popularidad y ganar todo el terreno posible, claro, con vistas al futuro.

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