TIEMPO DE REFLEXIÓN

EJERCICIO DEL PODER
POR: GERARDO VILORIA

En horas más altas, en un hecho sin precedentes en la historia universal, en diversas partes del mundo se festejará la denominada Noche Buena y tras ello, la Navidad.

La magia de esta fecha, para millones de personas se convierte en un tiempo donde se nutre la esperanza para volver a empezar una nueva vida y, se preparan los corazones para celebrarla con regocijo en unión de los seres queridos.

El sortilegio arcano de ese momento, permite que la Navidad sea considerada, también, como espacio de reflexión, para realizar balance y despedida de un año que a escaso trecho termina.

Esta festividad evoca el recuerdo del nacimiento del niño Jesús, el Mesías, símbolo de la congregación religiosa más significativa que ha existido en todos los tiempos: El cristianismo.

El festejo más antiguo de la Navidad data del siglo IV.

A medida que fueron transcurriendo los años, a la Navidad se fueron agregando nuevas costumbres, entre las más importantes están el regreso de quienes no viven en el mismo lugar para reencontrarse con la familia y disfrutar de gustosas viandas la noche del 24 de diciembre.

Escueta o abundante, la cena se transforma en una apetencia distinta a la de todos los días.

El químico especialista en nutrición y gastronomía, autor de numerosos artículos en revistas especializadas, JOSE LUIS CURIEL, destaca que la Cena de Navidad, en nuestro país, es un condensado de hábitos y sazones que encuentran su origen tanto en la antigüedad romana como en el mundo prehispánico.

Narra que al menos durante el periodo colonial, en la Noche Buena era imperioso guardar la vigilia, por lo que se fueron incorporando dentro de los platillos de la celebración –poco a poco- pescados y hierbas tales como el bacalao y los romeritos.

Detalla que en algunos recetarios antiguos el relleno del pavo debe contener tomillo, que según las creencias de la época había sido utilizada para cubrir el pesebre en el que nació Jesús.

Adicionalmente, se expresa en un intercambio de regalos y alegría, deseando que los seres queridos se mantengan unidos en la felicidad y en el afecto, confiriéndose prosperidad y abundancia.

Por lo antes anotado, podemos afirmar que la evocación del nacimiento del niño Jesús emplaza al sentimiento de amor y reconciliación.

Una vez revisado el rincón de nuestro ser, debemos reconsiderar cómo podemos dejar una bienhechora huella en este mundo para lograr que la Navidad no sea una más en el calendario de nuestra vida.

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