¡QUE CONSTE,…SON REFLEXIONES!

¡QUE CONSTE,…SON REFLEXIONES!

Sócrates A. Campos Lemus
¡Que Conste,… ¡Son Reflexiones!
18-08-2018

CUANDO CURSABA LA PRIMARIA EN LA ESCUELA ABRAHAM CASTELLANOS, en el jardín de la plaza del estudiante y cerca de la iglesia del Carmen en el DF, las calles estaban llenas de puestos semifijos, llenos de gentes que compraban o andaban en la joda para sacar el diario, los puestos de frutas y los de garnachas sudaban sus olores que nos seguían por días cuando solamente llevábamos alguna torta de frijoles con algo de queso seco y chiles que nos sabían a gloria en los tiempos del recreo, ahí existía una cooperativa donde vendían dulces y refrescos o se compraban los timbres para ir llenando las planillas del Ahorro Nacional o se compraban con veinte centavos los famosos desayunos escolares que traían una naranja, una especie de sándwich lleno de paté y algún huevo duro y alguna gelatina y eso era la delicia, vivíamos en una vecindad de tres patios donde jugar al tochito o a las escondidillas o simplemente correr con otros nos mantenía en un permanente estado de alegría, pantalones parchados y zapatos de medias suelas y tacones con cambios y, cada día, les teníamos que dar bola y llevar el uniforme a la escuela y caminar desde República de Chile saliendo por la calle de Perú hasta llegar al Jardín del Carmen y pasar por la Casa de Moneda y la Arena Coliseo y de regreso, estar un poco en la explanada de Santo Domingo viendo las imprentas de los portales y a los que escribían las cartas en esas viejas máquinas Corona y tecleando y platicando con los clientes, sí, buenos tiempos donde las miserias no se notaban porque eran de todos y al fin y al cabo veíamos a los teporochitos tirados en las calles o a los que fumaban la mota o, caminado para acompañar a mi madre a comprar en el mercado de La Lagunilla, teníamos que pasar forzosamente por la calle del órgano, Panamá, donde estaban las putas y  cuando teníamos algún chance de escaparnos, corríamos con otros por esas calles llenas de sillas con mujeres que nos llamaban y reían, sentadas en la calle mostrando algo de sus piernas o viendo cómo los padrotes trataban con los posibles clientes y de cómo maltrataban a esas mujeres y, ahí, eran los terrenos de Lola la Chata y sabíamos que muchos acudían a comprar la tecata y en algunas vecindades que eran laberintos y en algún cuartucho donde estaba una gran virgen de Guadalupe y botes alcoleros los viciosos llevaban lo robado en el día y tomaban la mota o los sobrecitos de tecata y la jeringas y se picaban ahí y se tiraban en el piso y se miaban y cagaban y eso olía y apestaba a miseria y a dolor y drogas, un buen día, pasamos por ahí con otros chicos y salimos vomitando y espantados de ver a esos pobres viciosos acabados y entre sus mierdas y vómitos, duro, pero era una realidad de la zona, y damos gracias a que nuestros padres nos traían cortitos y nos obligaban a ir a la escuela no caímos en esa tragedia de dolor y de llanto, vimos motos, viciosos de tecata, teporochos hinchados y apestosos fumando al mismo tiempo que tomaban pequeños tragos de refresco rojo con alcohol y, ahí, tirados en la calle recogiendo entre la basura algo para comer y pasar el tiempo, un lento tiempo que les mataba y destruía, algunos, rezando, y otros en plena agonía y viendo cosas, decían ellos, como si les tentara el diablo y lloraban y temblaban y nos veían finamente y nos daba temor y corríamos para otro lado…

La Lagunilla muy cerca de Tepito, donde los robos y los rateros eran los reyes de las calles y los puestos de robado o de ropa usada o de chácharas y de cosas viejas, con gente que albureaba y todos se reían porque con sus simplezas de la vida, la gente se puede hacer algo de bueno y de alegría y las fiestas con sonidos y adornos en las vecindades y los chavos peleoneros y abusadores de otros para retarles a los tiritos, pues: qué me ves pendejo, pues nos ponemos al tiro y nos damos un tirito para ver cómo masca la iguana, y así, tenías que pasar por cuadras resistiendo las tentaciones de la miseria y la pobreza o las agresiones de otros jodidos que buscaban con quién desquitarse el resentimiento y las miserias o los abusos de sus padres y mayores cuando andaban borrachos o drogados y, tuvimos compañeros que llegaban con un lápiz todo mordido de terror y con cuadernos baratos de doble raya y sin nada en el estómago, con rabia, con dolor, resentimiento, llanto y se refugiaban en el recreo en el baño para no ver a los otros comer la torta o el refresco y los vi llorando, muchas veces, porque me contaban que su pinche padrastro les golpeo y madreo a su mamacita y él juraba que de grande le pondría en la madre, lo mataría a chingadazos y le sacaría los ojos con los dedos y le cortaría las manos… y lloraban con esa rabia que no podía salir ni aclarar con nadie más y, de pronto, pues se levantaban y buscaban el pleito con cualquiera, eran suicidas, y al paso del tiempo les vimos estar como teporochos o viciosos y nos pusimos a llorar por su tragedia y a dar gracias de no haber caído en eso. Y hoy, cuando conozco que hay más de ocho millones de NINIS que ni pueden estudiar ni puede trabajar y se les prometen becas y oportunidad de chamba y de estudio, me doy gracias por ver esto y no perder ni la fe ni la esperanza, ya, muchos jóvenes, saben que esto podría ser un milagro en éstos tiempos y saben que ya no andarán con la desesperación que mata y encamina a la putería o a la violencia o a la drogadicción, cuando se tienen esperanzas de una nueva vida pues se pelea por eso y no se pierde el tiempo en el llanto ni en el dolor ni en el recuerdo, así, cuando camino por las calles de Oaxaca y vemos a muchos jóvenes cargando libros y sonriendo, me digo que ojalá los tiempos les cambien y no sufran tanto como alguna vez sufrimos, y eso que nuestros padres nos daban lo necesario y sobre todo la comprensión y el amor, amor de más, incluso cuando estábamos en Lecumberri, no por rateros o viciosos, sino por luchar por un sueño y por una vida mejor en 1968 y, bueno, nos robaron un tiempo de vida pero nos dieron muchas experiencias y el saber que de nada sirve mantener el dolor y el recuerdo con frustración y resentimiento y, por eso, a veces, puedo entender eso de AMOR Y PAZ y ojalá no sea solamente un sueño, sino que se haga realidad… por el bien de todos… por los de ayer y los de hoy, para tener una patria mejor y un México del que nos sintamos orgullosos y alegres  solo al mencionarlo…

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