UNA TRISTE HISTORIA DE AMOR

UNA TRISTE HISTORIA DE AMOR

Mayolo Domínguez Chávez
Artículos
51-01-2011

Era una tarde fría de febrero, disfrutaba de un merecido descanso y mientras tanto, me di a la tarea de arreglar el jardincito de mi casa, que por cierto se trataba de una unidad habitacional popular, en donde las casas eran de interés social, por lo que las casas estaban pegadas una de otra, al darme cuenta de que llegaba gente nueva a la casa de lado, salí a saludarlos y al presentarnos, conocí a mis nuevos vecinos, Rubén y Sofía, un matrimonio, que venia del Estado de Morelos precisamente de Michoacán, la platica nos adentró en la terrible situación de narcotráfico, de violencia y de crimen organizado que se vive actualmente en ese precioso estado, comentándome Rubén que por cuestiones de su trabajo se vinieron a radicar a Oaxaca. Me contaron que tenían 8 años de casados, que eran padres de una hermosa niña de nombre Rosita, que muy pronto cumpliría siete años, al conocerla pude darme cuenta que la niña, hacia honor a su nombre, parecía una linda flor color de rosa, con unas pestañas muy grandes y con unos hermosos ojos azules que semejaban la profundidad del mar.

Al pasar los días, el matrimonio se convirtió en la envidia de los vecinos, todo el tiempo se les veía muy amorosos, muy tiernos, muy románticos. Rosita significaba todo el amor de sus padres. Sofía su madre, le dedicaba casi todo su tiempo, porque la acababa de inscribir en la escuela. Rubén, su padre, trabajaba para una compañía nacional operando un tráiler, en el cual pasaba cinco días de la semana fuera y solamente los sábados y los domingos llegaba a su hogar ansioso por ver a sus dos amores, siempre les traía regalos.

El tiempo transcurría Rubén y yo nos veíamos muy poco debido a nuestros trabajos, precisamente la tarde de un sábado cualquiera, coincidimos al regar nuestros jardines, me comentó lo emocionado lo feliz que transcurría su vida, y de lo orgulloso que se sentía de su esposa y de su hija.

Cuando cumplieron un año de vecinos y Rosita cumpliera 8 años de edad, me dieron la gran noticia de que serían padres nuevamente y que con ello complementarían su dicha y llenarían su hogar de más ternura y amor. Pero Rosita no compartía esa felicidad, porque ya desde horita se sentía desplazada, relegada a segundo término, lloraba mucho y decía a sus padres, ¡no quiero tener un hermano!, quiero ser yo sola su hija, no quiero que venga nadie más, mamá dile que no venga. Sus padres también sufrían de ver a su tesoro en esas condiciones y trataban por todos los medios de explicarle la bendición que representaba traer otra vida y que era el mismo Dios, quien había decidió darle un hermanito, para tener con quien jugar y con quien compartir el inmenso amor que le tenían sus padres. ¡No quiero!, decía, ¡que se muera!. Que gran dolor causaban estas palabras a sus padres, quienes la miraban con mucha ternura. Rosita de una niña educada, sonriente y obediente, se transformo en una niña rebelde, caprichosa y llorona. Durante la gestación de su hermanito en el vientre de su madre, se ponía insoportable.

El gran momento había llegado, afortunadamente, Rubén estaba en su casa, pues era un día domingo, tocaron a mi puerta como a las 5 de la mañana, como pude me dirigí con toda calma a abrir y me cuenta que se trataba de Rubén, quien desesperado me dice, vecino discúlpeme, quiero que me prestes tu auto, porque el mío se descompuso y mi mujer esta a punto de dar a luz y por favor. Te pido un vistazo a Rosita que esta profundamente dormida y no queremos despertarla. Como no vecino, ve con cuidado y por Rosita no te preocupes, en seguida le entregue las llaves del auto y regresé a la cama, mientras el se encaminaba al hospital con su esposa.

Ese mismo domingo, 14 de Febrero, eran las 14: 00 horas cuando nació el bebe esperado y media hora más tarde, el padre fue llamado por el médico en privado, quien le comunicaba que su hijo había nacido sin ninguna complicación para su esposa, pero se trataba de un niño muy especial que requería de muchos cuidados, mucha ternura y mucho amor. ¿Por qué?, preguntó Rubén preocupado, mire usted, le explica el médico, su hijo nació con síndrome de Down y en este momento se lo vamos a entregar a su esposa y le vamos a explicar los cuidados que requiere su bebe, para su supervivencia y queremos que este usted con ella, para apoyarla y darle valor, así lo hicieron, viviendo un verdadero drama familiar, porque, cuando Rosita lo supo, se arrepintió de lo que había dicho y le pidió perdón a sus padres, llorando desconsoladamente diciendo que ella tenía la culpa, porque no quería su hermanito, que estaba arrepentida y que lo iba a cuidar y a quererlo mucho, sus padres enternecidos hasta las lagrimas le explicaron, no hija, tu no tienes la culpa, dios nos manda una prueba que nos unirá en torno a tu hermanito, que como sabrás, nació el día que se festeja el amor, por lo tanto, se llamara Valentín y ojala, decía su padre, que pueda lograr su cometido , que es derramar AMOR, no solo entre las parejas que se aman, sino entre los hombres y los pueblos, por lo tanto el necesitará todo nuestro cariño y nuestro amor.

Rosita desde ese momento empezó a prodigarle todos los cuidados a su hermanito, que por primera vez fue puesto en sus brazos. La familia llegó a su casa, fui a saludarlos para conocer a su bebé, siendo informado de lo que pasaba y de inmediato pude darme cuenta de los cambios que habían operado en esa familia por el nacimiento de Valentín quien despertaba una gran ternura al verlo, Rosita, vivamente emocionada se desvivía por su hermanito, quien había despertado en ella el sentimiento más hermoso llamado AMOR. Sofía, su madre, no quería aceptar esta situación y de ser una amante esposa, paso a renegar de su marido, echándole la culpa de lo que decía, era su desgracia, Rubén trataba de calmarla, pero todo era inútil, todo lo hermoso había terminado entre ellos.

Pasaban los días, los meses y la señora no cambiaba de opinión, llegando al grado de descuidar completamente a su hijo, porque no lo quería, pues se avergonzaba de él, siendo Rosita quien se había encariñado totalmente de su hermanito, dedicándose en cuerpo y alma , siendo la que prodigaba el amor que su madre no le daba; su padre lo sabía, por eso, cada que llegaba de su viaje, salía con Rosita a comprar todo lo necesario para los cuidados del bebé, por que sabía que no contaba con su mujer desde que nació Valentín, por ello, le pedía a su hija que cuidara de su hermanito mientras el tenía que trabajar. Así transcurrió el tiempo, hasta que Valentín cumplió 2 años de edad, nuevamente, mes del amor, mes de recuerdos, mes de tristeza, porque precisamente este mes, la señora decidió abandonar su hogar, a su pareja, a sus hijos, dejando toda la responsabilidad en Rosita.

Amor, como entender ese poderoso sentimiento, si cuando más se necesita de la persona amada, ésta nos abandona o simplemente abandona su responsabilidad de madre de esposa y de ser humano. Rubén lloraba desgarradamente porque Sofía lo había abandonado con sus dos hijos a quienes abrazaba fuertemente uniendo sus lágrimas a las de Valentín, que parecía abandonado a su suerte, despreciado por su madre a temprana edad, cuando el menos culpable de su impedimento era él. Rubén leía una y otra vez la carta que le había dejado Sofía y no lo podía creer, en donde esta ese amor que dijo tenerme, se preguntaba, viví engañado todo este tiempo, nuca lo sabré, se decía, mientras pasaba la mirada por los renglones más importantes de la carta, que decían “he decidido dejarte, porque ya no te quiero y porque no estoy dispuesta a sacrificarme toda la vida por el hijo que me diste, no me busques, dame por muerta; porque quiero que sepas que no me voy sola”.

Paso el tiempo y Valentín seguía creciendo, desarrollando sus actividades en las que destacaba en la pintura, pues le gustaba mucho, despreocupado y temeroso, en momentos, parecía volar con su imaginación, sonriente, amoroso con Rosita y con su padre al cual veía poco, pero cuando lo tenía cerca, lo besaba, lo abrazaba y jugaba con él, su padre respondía igual, porque lo amaba y quería dar su vida a cambio de que fuera normal, también le preocupaba Rosita, que para entonces ya contaba con 24 años de edad y no tenía amigas, mucho menos amigos, porque no podía hacer su vida normal de una muchacha de su edad, pues se había tomado tan en serio su papel de madre, pero no le importaba otra cosa que ver feliz a su hermano y no le importaba que la gente creyera que era su hijo, porque se sentía orgullosa de la responsabilidad que había recaído en ella desde muy pequeña, disfrutando los felices momentos de Valentín, llorando y sufriendo sus momentos de enfermedad, sobre todo cuando se sentía sola, porque su padre se ausentaba más días, trabajando tiempo extra para incrementar su seguro de vida, porque no quería dejarlos desprotegidos.

La enfermedad de Valentín altero nuevamente la vida de esta familia, la cual se preocupaba mucho, cuando el pequeño Valentín dejaba de ser tierno y cariñoso, porque sabían por los médicos, que debido a la falta de defensas en su organismo, se le complicaban las enfermedades, aunque en esta ocasión se trataba de algo muy serio. Como de costumbre el papá se encontraba trabajando y era Rosita la que enfrentaba con toda madurez, las enfermedades de su hermano, documentándose para poder ayudarlo, porque sabía que la vida de Valentín peligraba, por eso lo llevo de inmediato al hospital, con el médico que siempre lo atendía, confirmando su gravedad, solicitando de inmediato sangre, pues Valentín tenía leucemia.

Mientras esto sucedía, Rubén manejaba su tráiler por las carreteras de nuestra gran república, ignorando lo que pasaba en su hogar, era media semana, así que todavía le faltaban algunos días para que se reportara con sus seres queridos, siempre pensando en ellos, siempre pensando en que llevarles de los lugares que recorría, así que en esa ocasión llego a Veracruz y en lo que descargaban y cargaban su tráiler, decidió caminar un rato por la ciudad, se paró un momento observando un caracol, se quedo pensativo, de repente sintió que le jalaban la camisa, observando una mano sucia y descamada que le pedía unas monedas para comprar comida, metió su mano a la bolsa del pantalón y al entregar las monedas, sintió como una bofetada en pleno rostro, que le hizo estremecerse al reconocer a Sofía, la que había sido el amor de su vida, la mujer que lo había abandonado con sus dos pequeños hijos sin el más mínimo remordimiento, la observó, como había cambiado, se veía anciana, descarnada, acabada. Sus recuerdos volcaron como un remolino que en segundos destroza los pensamientos y sintió lastima y ternura, la mujer que esperaba las monedas, no lo podía reconocer, porque estaba ciega. Cuanto castigo había recibido, pensaba Rubén y decidió perdonarla, porque el era un hombre de gran corazón.

Comenzó a preguntarle cosas, le dijo soy Rubén. Sofía no lo podía creer, se sentía avergonzada, estaba arrepentida desde hace mucho tiempo, pero Dios la había castigado, porque el hombre con el que había huido, al poco tiempo le hizo la vida imposible y terminó por vaciarle un líquido quemante en los ojos, que no la deformo, pero termino por quedar ciega. Preguntó ansiosa por sus hijos y de rodillas pidió perdón al cielo y cayó fulminada, claro, tenía muchos días sin comer. Rubén la tomo delicadamente en sus brazos y la llevo con un médico, le dieron sopa caliente y la arroparon, entre tanto Rubén salió a comprarle ropa y mientras caminaba, pensaba emocionado, esta vez le llevare a mis hijos el mejor regalo ¡A su madre!.

Cuantas cosas tenían que contarse, cuantas cosas tenían que perdonarse, así que mientras Rubén manejaba para regresar a su hogar, platicaban de sus hijos, a quienes ya no llegaron a ver, porque algo sucedió, en esos momentos y a pesar de su experiencia, Rubén perdió el control del pesado tráiler, originándose un aparatoso accidente.

Rosita cuidaba a su hermano en el hospital, preocupada porque su padre no llegaba de su viaje, fue a su casa a dejarle un recado y a recoger una ropa para Valentín, se disponía a salir cuando sonó el teléfono, recibiendo la trágica noticia de parte de la compañía aseguradora, quedando sorprendida, porque le comunicaron que su padre antes de morir, pidió que le comunicaran a Rosita, que quien viajaba con él de regreso a casa, era Sofía su madre quien también muriera en el accidente; cuanta tragedia, cuanto dolor sentía Rosita, que sola se sentía. Cuanta falta le iba hacer su padre a quien aprendió a idolatrar, por el amor que le había prodigado a sus hijos y por sus sentimientos tan nobles, al haber decidido perdonar a su esposa, como si no hubiera ocurrido nada, pero no podía flaquear, porque ahora más que nunca, la necesitaba su hermano Valentín, a quien había a prendido amar como si fuera su propio hijo, así que se limpio las lagrimas y de inmediato se dirigió al hospital, contándole lo ocurrido al médico, abrazando fuerte a Valentín, quien en ese momento dormía profundamente.

Los médicos se admiraron, no salían de su asombro, el milagro se había realizado, Valentín se había recuperado rápidamente, estaba sano; Rosita lo abrazaba y lloraba de gusto, de emoción y de dolor por su tragedia, entonces, escuchó algo que la dejo petrificada. Valentín que solo sabía decir mamá, estaba hablando, tartamudeando le decía: “no llo-res ma-má Ro- si- ta, pa- pá no es- ta muer- to, es- tu- vo ju- gan- do con- mi- go y me pi- dio que yo te cui- da- ra. Rosita dio gracias a Dios y ya no pregunto como era que su hermano sabía del accidente de su padre, si ella jamás le comento nada. Volvieron a casa, viviendo muy unidos con el dinero que les dejo su padre por medio de un seguro, cuidándose mutuamente hasta el final de sus días como eran sus destinos.

Actualmente, Valentín es un joven de 24 años, talentoso con el pincel, estudiando siempre en una escuela especial, desarrollando su capacidad de amar. Rosita a sus 32 años de edad, continúa con su responsabilidad de seguir protegiendo a Valentín y además prestando su servicio como voluntaria en la Institución donde ha crecido su hermano, inmersa en ese mundo tan especial y tan limpio, que representan los niños y jóvenes con síndrome de Down.

Fin

Como un homenaje a los niños con síndrome de Down

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